domingo, 28 de septiembre de 2014

Despierta!

Como muchos sabran, mi nombre es Amel Alberto De Leon Reyes. Hace tres años que vivo en Argentina. Hace tres años pensaba que mi país era el mejor del mundo y que nunca lo dejaría. Hasta el momento que decidí dejar la vida cotidiana por un tema de estudios. Un tema en que el que ahora no es pertinente redundar.

Recuerdo haber dejado mi ´´patria´´ -Y digo patria entre comillas porque Duarte ahora estaría convulcionando en su tumba- para estudiar lo que siempre quise.

El tema es que me he dado cuenta que mi país ha sufrido un sindrome de desentendimiento por parte de nosotros, nosotros que somos mayoría y que deberíamos estar haciendo la diferencia, en cuanto a los problemas que realmente nos afectan.

¿Que orgullo podría predicar yo en un país donde los servicios básicos no funcionan como deberían? ¿Con qué derecho puedo decir que mi país, como Nacion Soberana e independiente, puede mantenerse sin ningún tipo de intervención o intento de dominación puede salir adelante? La respuesta: Con ninguno.

En mi ultimo viaje a mi hogar comprendí que los problemas que nos abruman son la ignoracia de un pueblo sumamente orgulloso e inigualablemente rico ignora causas sociales que crean brechas que no nos dejan avanzar.

Pensemos en la clase media -aquella a quienes normalmente mis lectores pertenecen- ¿Donde comienza el declive de la clase media? En la pérdidad de valores. En saber qué está bien, qué es aceptable y qué está mal. En que la educación comienza EN TU CASA.

Los políticos son corruptos, los intermediarios, mucho mas. Pero vengo de un país donde todo, absolutamente TODO, se sabe. Sale en las noticias, sabemos que cierto fulano es un ladrón, que unos pocos gobiernan el destino y la vida de unos muchos. Pero no nos interesa.

Creemos fielmente que nuestros intereses personales son mas importantes que nuestros intereses como pueblo. Afirmamos ´´La cosa está mala, se hunde el barco, vámonos, salvese quien pueda. ¿Pero eso de que sirve? ¿Que estamos haciendo?

Volviendo a mi tema: La clase media, ¿Por qué? Porque recuerdo como en mi familia me enculcaban-e inculcan- los valores de decir: Entre nosotros nos ayudamos. Entre nosotros podemos hacer la diferencia.

¿Y si entre todos hacemos una diferencia comunitaria de cambiar las cosas? ¿Y si entre todos nosotros hacemos una pequeña diferencia?

Loma Miranda, o la cementera de Los Haitises? Por qué no le prestamos atención SENCILLAMENTE PODEMOS. Podemos recolectar firmas, podemos hacer una diferencia.

El problema de el dominicano, como pueblo, es que no sabemos entender algo simple: Los politicos son nuestros empleados, a quien pagamos con nuestros impuestos para que administren la tierra en la cual todos hemos nacido.

He vuelto a escribir. Y no me va a detener nadie. Buenas noches.

Dominicano, DESPIERTA!

martes, 15 de abril de 2014

Hasta luego.

No se por dónde comenzar. Honestamente. No se por donde empezar a describir el sentimiento del vacío que deja una persona cuando se va.

No se si exactamente te fuiste, o solo deambulabas por un indeterminado período de tiempo. No se si puedo decir que realmente dejaste este mundo en este momento.

Lo importante del caso es que escribirte esta carta un tiempo atrás no tendría sentido alguno. Pues la verdad no se si le prestarías atención, pero si estoy seguro que tarde o temprano tendría que llegar hasta ti. De una manera o de la otra.

Te recuerdo alegre, jugando conmigo cuando me quedaba en tu casa a pasar el fin de semana.

Te recuerdo haciendo burbujas con el jabón de la cocina. Recuerdo tu bolso lleno de cartas para jugar conmigo y mis primos en las reuniones familiares. Te recuerdo en los rincones que poco a poco se hacían mas vacíos en cuanto tu ausencia los golpeaba despacio hasta derribar las paredes.

También recuerdo que en alguna visita a la iglesia me dejabas comer la hostia. Que cocías mi ropa si me tropezaba jugando en el estacionamiento.

Aveces llegaba tu casa y tenia la sensación de que me esperarías con dulces recién horneado. Haciendo suspiros, batiendo la clara de huevo por horas con un tenedor, ¡Teniendo batidora en la casa!

Recuerdo que lavabas mi ropa cuando quería bañarme en la lluvia. Recuerdo que sacabas los cojines del sofá para hacerme un espacio en tu habitación sin que mi abuelo se diera cuenta.

Recuerdo estas, y tantas otras cosas pequeñas, que hicieron de mi infancia de las mejores que el mundo alguna vez haya visto.

Por eso cuando pienso en ti no recuerdo esa Pelagia postrada en una cama. no es exactamente a ella a quien extrañaré. Extrañare siempre a aquella llena de devoción, entrega, humildad, sencillez, felicidad. Pero sobre todo, aquella Pelagia que sonreía por sentirse dichosa de vernos sonreír y que daría todo por ver eso suceder.

Te aseguro que en tu nueva libertad, libre de limitaciones. Libre de sufrimiento, te quedaras acompañándome por siempre. Descansa en paz, abuela.

Gracias por todo,

Amel De León